El uso de la Inteligencia Artificial (IA) en las empresas se ha acelerado y va camino de convertirse, antes de lo previsto, en un estándar. Quienes ya han implantado soluciones basadas en IA confían en ellas por su capacidad para generar valor en el negocio y, al mismo tiempo, adquirir ventajas competitivas con respecto a los demás.
Aun así, los encuestados reconocen que la distancia que separa a los pioneros en la adopción de la IA con quienes empiezan a implementar ahora este tipo de soluciones se está recortando rápidamente. La adopción generalizada es casi un hecho, lo que obliga a quienes lideran el cambio a realizar un esfuerzo mayor para mantener su posición.
Parte de esta aceleración en la adopción de la IA tiene que ver con la tendencia, cada vez más asentada, a comprar soluciones de terceros en lugar de desarrollar tecnología propia. El mercado ha madurado y la oferta es cada vez más amplia, por lo que las empresas, grandes consumidores de IA, deben aprender a adquirirla con criterio. La integración de tecnología ajena en los sistemas propios y la capacidad para escalar su uso son claves a la hora de implantar nuevas soluciones para el negocio.
Quienes ya aplican la IA en sus empresas perciben los riesgos que conlleva su desarrollo acelerado en los últimos años y admiten que aún no se han tomado suficientes medidas para mitigarlos. Las empresas son conscientes de los problemas que pueden acarrear temas como el sesgo no intencionado de los algoritmos o la dificultad para otorgar responsabilidades sobre algunos procesos, pero al mismo tiempo admiten que aún no se ha incidido lo suficiente en solucionarlos.
El estudio analiza a las empresas en función de su grado de madurez en la implementación de IA. Todas ellas, las experimentadas (26%), las avanzadas (47%) y las que estás comenzando (27%), tienen en común que comenzaron a introducir la tecnología con el objetivo de ser más eficaces, optimizar procesos y adquirir así ventajas competitivas. Pero conforme avanza el tiempo y la IA se va convirtiendo en un estándar resulta complicado mantener la diferenciación en el mercado sin cambiar el campo de aplicación de la tecnología.
Para los encuestados, la IA es una palanca de transformación de las organizaciones y la industria que ofrecerá resultados significativos en los próximos años, pero en la era de la proliferación de esta tecnología el reto es mantener la diferenciación que supone asumiendo tres retos muy concretos:
Con un nuevo enfoque, es posible pasar de la mejora de lo existente a la creación de nuevos productos y servicios.
Después, llega la hora de fijar un criterio, decidir qué soluciones precisan de la IA y cuáles no, y encontrar compañeros de viaje adecuados, proveedores flexibles, que ofrezcan confianza y transparencia en todas las fases de cada proyecto. Contar con un equipo diverso que sume conocimiento al criterio de la compañía es clave.
También es básica la auditoria y puesta a prueba permanente de los sistemas, interna y externa, para tensar las capacidades de la IA y descubrir sus posibles fallos. Por último, hay que preparar a los equipos para identificar y resolver los problemas éticos que surgen de la aplicación de la tecnología, colaborar con terceros para aprender de otras experiencias que puedan resultar de interés, fijar una guía ética para el uso de la IA en la empresa y conseguir el compromiso de los proveedores de que la tecnología que adquirimos está libre de sesgos.
La receta para afrontar esta nueva era en el desarrollo de la IA tiene, para los encuestados, tres ingredientes básicos que, en un contexto de expansión de la tecnología, pueden marcar la diferencia. La creatividad, el consumo inteligente y la capacidad para afrontar los riesgos son las variables que decidirán quién lidera los negocios basados en IA durante los próximos años.