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Perspectivas económicas globales 2026

Análisis de las tendencias económicas que marcarán el rumbo de más de 25 economías en 2026

En este artículo, analizamos las perspectivas económicas de la eurozona y de España para el próximo año. Si quieres profundizar en las previsiones de otras regiones y países, puedes acceder el informe completo: Global Economic Outlook 2026.

Tal y como anticipábamos en nuestro último informe de perspectivas económicas globales, las elecciones celebradas en distintos países del mundo han impulsado cambios relevantes en las políticas económicas que han alterado la evolución de la inflación, los costes de financiación, los tipos de cambio y los flujos comerciales y de capital en 2025. Uno de los acontecimientos más significativos fue el endurecimiento de las barreras comerciales por parte de Estados Unidos, lo que provocó disrupciones en las cadenas de suministro y episodios de volatilidad en los mercados financieros. Desde entonces, el país ha alcanzado acuerdos comerciales con numerosos socios, recuperando cierta previsibilidad en estas relaciones, aunque a un mayor coste. La política comercial restrictiva de Estados Unidos también ha favorecido un mayor acercamiento entre otros países, con la firma de múltiples acuerdos comerciales entre economías no estadounidenses.

De cara a 2026, esperamos que los efectos de estos cambios en las políticas globales se hagan más visibles. Los gobiernos están adaptándose a una nueva realidad geopolítica y ajustando en consecuencia sus planes de política fiscal y estructural, algo que previsiblemente será más evidente en el próximo año. Además, varios países compiten por mantenerse a la vanguardia de la innovación tecnológica, especialmente en el ámbito de la inteligencia artificial (IA), mientras que otros tratan de no quedarse aún más rezagados. Es previsible que en 2026 continúen las inversiones significativas destinadas al desarrollo de este ecosistema de innovación. No obstante, existe el riesgo de que este gasto se haya acelerado en exceso y que se produzca una corrección a la baja en el futuro.

Perspectivas económicas de la Eurozona

La economía de la eurozona ha mostrado una notable resiliencia este año en un contexto marcado por una compleja combinación de retos globales y domésticos. Aunque la recuperación tras la pandemia se ha visto afectada por múltiples factores, la región ha logrado evitar la recesión, apoyada en un mercado laboral sólido, una inflación en moderación y medidas fiscales selectivas. De cara a 2026, el crecimiento moderado dependerá principalmente de la demanda interna y de las iniciativas de inversión tanto a nivel nacionales y europeas, si bien la incertidumbre geopolítica y las tensiones comerciales siguen representando riesgos relevantes.

Se estima que el crecimiento económico real de la eurozona alcance el 1,4 % en 2025, lo que supone una ligera mejora respecto a 2024 (0,8 %), impulsada por el dinamismo del consumo privado y una leve recuperación de la inversión. El consumo se ha visto favorecido por la fortaleza del mercado laboral y la mejora del poder adquisitivo. El empleo ha actuado como un factor clave de estabilización, con una tasa de desempleo del 6,3 % en septiembre, muy próxima a su nivel más bajo en más de una década (6,2 %). Los ingresos reales han seguido recuperándose gracias a un crecimiento salarial todavía sólido, aunque con una moderación gradual, y a una inflación más contenida.

En conjunto, se prevé que la inflación general se sitúe en una media del 2,1 % en 2025, mientras que la inflación subyacente continúa moderándose debido a la menor presión salarial y a la fortaleza del euro, que abarata las importaciones en la zona euro. En línea con esta evolución de los precios, el Banco Central Europeo anunció cuatro recortes de tipos de 25 puntos básicos a lo largo del año, situando la facilidad de depósito en el 2 % en junio, lo que ha dado lugar a una política monetaria significativamente menos restrictiva.

No obstante, las tensiones geopolíticas y comerciales siguen lastrando el crecimiento. La imposición de nuevos aranceles por parte de Estados Unidos a las exportaciones europeas, especialmente en sectores como la automoción y el acero, ha generado disrupciones en las cadenas de suministro y ha frenado el crecimiento de las exportaciones, tras los efectos positivos iniciales derivados del adelanto de pedidos a comienzos de año. Aunque un nuevo acuerdo comercial entre Estados Unidos y la Unión Europea ha reducido algunos riesgos, el escenario continúa siendo incierto y cambiante.

De cara a 2026, se espera que la economía de la eurozona mantenga una expansión moderada, apoyada en varios factores. En primer lugar, el crecimiento sostenido del consumo, impulsado por una ligera mejora del poder adquisitivo, un mercado laboral aún sólido y una leve reducción de la tasa de ahorro de los hogares, debería contribuir positivamente a la actividad económica.

En segundo lugar, el impulso fiscal vinculado al gasto en defensa e infraestructuras también favorecerá la inversión en países como Alemania. A estas iniciativas nacionales se suman diversas actuaciones a escala europea. El plan ReArm Europe / Readiness 2030”, presentado en marzo de 2025, establece una estrategia amplia para financiar un aumento del gasto en defensa. Asimismo, los fondos NextGeneration EU deberían aportar un impulso moderado al crecimiento de la inversión en 2026, especialmente en las economías del sur de la eurozona.

Por el contrario, se prevé que el crecimiento de las exportaciones sea débil el próximo año. Además del impacto de unos aranceles más elevados y de un tipo de cambio fuerte, los problemas de competitividad y la intensa competencia procedente de China seguirán limitando la demanda de exportaciones europeas. La Unión Europea tratará previsiblemente de diversificar sus mercados de exportación mediante nuevos acuerdos comerciales. Las iniciativas incluidas en la Brújula de la Competitividad, si se aplican según lo previsto, deberían contribuir a reforzar la resiliencia y el potencial de crecimiento a largo plazo de la economía europea. No obstante, el efecto positivo de estas medidas requerirá tiempo y su alcance final sigue siendo incierto.

En conjunto, se estima que la economía de la eurozona crezca un 1,1 % en 2026. Aunque esta cifra es ligeramente inferior a la de 2025, se espera que las dinámicas subyacentes de crecimiento se refuercen de forma gradual.

Estas previsiones están sujetas a un elevado grado de incertidumbre, especialmente en relación con la política comercial de Estados Unidos, la guerra entre Rusia y Ucrania y posibles correcciones en los mercados financieros asociadas a las inversiones en inteligencia artificial.

Europa, Oriente Medio y África: Previsión de crecimiento económico (2025 a 12026). Crecimiento real del PIB, variación porcentual (por año)

Perspectivas económicas de España

Se espera que España mantenga un sólido dinamismo económico en 2026, con un crecimiento en torno al 2,3 %, aproximadamente un punto porcentual por encima de la media de la eurozona. La economía española continúa beneficiándose del cambio en las preferencias de los hogares hacia los servicios. Las perspectivas se ven respaldadas por los índices de gestores de compras, que anticipan una expansión sostenida en los próximos meses. En particular, el PMI de servicios (55,6 en noviembre) mantiene un tono optimista de cara a 2026 , mientras que el sector manufacturero también prevé continuar en expansión, apoyado en la demanda interna (PMI manufacturero de 51,5 en noviembre).

En este contexto dinámico, es probable que la inflación converja hacia el objetivo del 2 % del Banco Central Europeo, aunque se mantendrá ligeramente por encima de los niveles de la eurozona.

El crecimiento en 2026 estará impulsado principalmente por la demanda interna. El consumo será el principal motor, apoyado en gran medida por el aumento del empleo. Se espera que la tasa de paro descienda ligeramente por debajo del 10 %, aunque seguirá situándose claramente por encima de la media de la Unión Europea. El crecimiento salarial tenderá a converger hacia los niveles de inflación (el coste salarial aumentó un 3 % en el segundo trimestre de 2025, frente al 4 % registrado en el mismo periodo de 2024).

Existe margen para que la tasa de ahorro de los hogares se reduzca moderadamente en un entorno de tipos de interés estables, dado que se situó en el 12,4 % en el segundo trimestre de 2025, por encima de su media histórica del 9,6 % en el periodo comprendido entre 1999 y 2025. No obstante, la persistente incertidumbre podría llevar a los hogares a mantener una preferencia por el ahorro, ya sea para la adquisición de vivienda o para continuar reduciendo deuda.

Se prevé que la inversión mantenga un crecimiento significativo en 2026, tras haber aumentado un 3,9 % entre el último trimestre de 2024 y el tercer trimestre de 2025. Este avance estará impulsado por unos niveles moderados de endeudamiento empresarial y de tipos de interés, por el efecto final de los fondos NextGeneration EU y por la necesidad de afrontar importantes retos de transformación. Los ratios de endeudamiento de los hogares y de las empresas no financieras se sitúan en sus niveles más bajos desde comienzos de siglo, por debajo de la media de la eurozona en el caso de los hogares y en línea con ella en el de las empresas.

No se espera que la demanda externa contribuya de forma relevante al crecimiento en 2026, ya que la expansión de las exportaciones podría verse compensada por el aumento de las importaciones, en un entorno marcado por barreras comerciales, una mayor apreciación del tipo de cambio euro/dólar y una fuerte demanda interna. La economía española está menos expuesta a los aranceles estadounidenses que otras economías europeas, dado que las exportaciones de bienes a Estados Unidos representan alrededor del 5 % del total de exportaciones de bienes. Por su parte, las exportaciones a Europa deberían beneficiarse de la recuperación económica en la región.

A pesar del sólido crecimiento agregado, España debe seguir abordando retos estructurales relevantes, especialmente en materia de productividad, vivienda y finanzas públicas. La productividad por hora trabajada ha crecido solo un 2,6 % entre el tercer trimestre de 2019 y 2025, mientras que el PIB creció aproximadamente cuatro veces más en ese mismo periodo.

La escasez de vivienda es especialmente acusada y previsiblemente persistirá a corto plazo, ya que la oferta no ha acompañado el crecimiento del número de hogares. Además, los precios de la vivienda continuaron acelerándose en el segundo trimestre de 2025, con un incremento interanual del 12,7 %, frente al 7,8 % registrado un año antes.

Por último, se espera que el déficit público continúe reduciéndose (2,5 % en 2025 y 2 % en 2026), lo que contribuirá a una ligera disminución de la elevada ratio de deuda sobre PIB, que pasaría del 100,3 % en 2025 al 99,1 % en 2026, según las estimaciones de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal.

¿Quieres conocer las tendencias que marcarán la evolución del resto de economías analizadas en el informe? Accede al artículo completo.

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