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La inteligencia artificial se ha consolidado como una prioridad estratégica para las organizaciones. Sin embargo, nuestro informe State of AI, elaborado por Deloitte, muestra que la adopción generalizada de la IA no siempre se traduce en impacto real sobre el negocio.
El estudio global, basado en más de 3.200 líderes empresariales y tecnológicos de 24 países, identifica un punto de inflexión claro: el reto ya no es experimentar con IA, sino integrarla en el modelo operativo y en la toma de decisiones.
En España, esta reflexión cobra especial relevancia. El mercado nacional se encuentra en una fase de fuerte aceleración de la inversión, con una ambición clara por pasar de la exploración al impacto tangible.
A nivel global, en torno al 60% de los trabajadores cuenta ya con soluciones de IA aprobadas por su organización, frente a menos del 40% el año anterior. Sin embargo, este avance no se ha traducido en un uso intensivo: menos de seis de cada diez empleados con acceso utilizan la IA de forma diaria.
Esta misma tendencia se observa también en el mercado español. La IA está claramente presente en la agenda directiva y en las inversiones tecnológicas, pero su adopción sigue dependiendo de cómo se integra en los procesos y en el trabajo diario. Cuando la IA se introduce como una herramienta aislada, y no como parte del modelo operativo, su impacto tiende a diluirse.
El mensaje es claro tanto a nivel global como nacional: el principal freno no es la disponibilidad de herramientas, sino su activación efectiva en los procesos y decisiones del día a día. Esto requiere integrar la IA en funciones concretas, acompañar el cambio organizativo y reforzar su papel como apoyo a la toma de decisiones humanas.
El paso de los pilotos a la producción sigue siendo uno de los mayores desafíos a escala global. Solo una de cada cuatro las organizaciones ha logrado llevar al menos el 40% de sus iniciativas de IA a producción, aunque más de la mitad confía en lograrlo en el corto plazo.
En España, el reto es similar, pero con una particularidad relevante: el nivel de ambición inversora es superior al promedio global. El 85% de las empresas españolas prevé aumentar su inversión en IA en el próximo año fiscal, y cerca de un tercio anticipa incrementos superiores al 20%.
Este dato sitúa a España en una fase avanzada de compromiso con la tecnología. Mientras que a nivel global muchas organizaciones siguen centradas en ordenar su cartera de pilotos, en España la conversación ya gira en torno a la industrialización y al retorno tangible.
Como señala Javier Echániz, socio responsable de AI & Data en Deloitte España, “si 2024 y 2025 fueron los años de la exploración, 2026 será el año de la industrialización y del valor real”. Esta afirmación resume bien el momento del mercado nacional.
Si 2024 y 2025 fueron los años de la exploración con la IA en España, 2026 será el año de la industrialización y del valor real.
Javier Echániz, socio responsable de AI & Data en Deloitte España
A nivel global, los beneficios actuales de la IA se concentran principalmente en la mejora de la eficiencia operativa, la productividad y la toma de decisiones. El impacto sobre nuevos ingresos y modelos de negocio, aunque esperado, sigue siendo incipiente.
España se alinea con esta realidad, pero con una ambición más explícita. En la actualidad, el 68% de las empresas españolas identifica la eficiencia y la productividad como el principal beneficio obtenido. Sin embargo, el 63% espera aumentar sus ingresos gracias a la IA y más de la mitad confía en que impulse la innovación y la mejora de productos y servicios.
Uno de los hallazgos más significativos del informe global es que el 84% de las organizaciones no ha rediseñado los puestos de trabajo ni los flujos operativos para integrar la IA. En muchos casos, la tecnología se añade sobre estructuras heredadas, limitando su potencial transformador.
En España, la respuesta se ha centrado principalmente en el desarrollo de capacidades. El 59% de las organizaciones está formando a su plantilla general para mejorar la fluidez en IA, y el 54% ha puesto en marcha iniciativas de reskilling. Estas cifras muestran una respuesta proactiva, aunque todavía centrada, como a nivel global, en la formación más que en un rediseño profundo del trabajo, que abarque roles, toma de decisiones, incentivos y modelos de colaboración entre personas y sistemas inteligentes.
La gobernanza de la IA y el cumplimiento regulatorio adquieren un peso especialmente relevante en el contexto español y europeo. El 49 % de las empresas españolas identifica la regulación y la gobernanza como una de las principales barreras para la adopción de la IA Generativa, un dato que refleja la complejidad del entorno normativo.
A ello se suma la gestión del dato. El 70 % de las organizaciones en España muestra una preocupación alta o muy alta por el uso de sus datos propietarios, aunque la confianza en la IA ha crecido de forma notable desde la irrupción de la IA Generativa: el 80 % afirma confiar más en esta tecnología que hace dos años.
Este equilibrio entre confianza y control refuerza una de las conclusiones del informe global: la gobernanza ya no es un requisito técnico, sino un habilitador estratégico para escalar la IA con seguridad.
El informe global identifica un creciente interés por tecnologías emergentes como los sistemas de agentic AI, capaces de razonar y ejecutar acciones de forma autónoma, así como por la expansión de la IA hacia entornos físicos. Estas capacidades prometen un impacto significativo, pero elevan de forma sustancial las exigencias en materia de control, supervisión y gobernanza.
A medida que la IA gana autonomía y se integra en procesos cada vez más críticos, la madurez organizativa se convierte en un factor determinante. En el caso de España, el reto no será decidir si invertir en IA, sino transformar esa inversión en valor real y sostenible, alineando tecnología, personas y gobernanza. En este contexto, 2026 se perfila como un año decisivo para cerrar la brecha entre potencial y resultados.