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XI Informe del Impacto Social de las Empresas SERES – Deloitte

Un análisis del impacto social empresarial y de su papel creciente como palanca de competitividad

Las empresas españolas invierten 9,37 millones de euros de media en programas sociales, beneficiando a más de 25 millones de personas.

La XI edición del Informe del Impacto Social de las Empresas, elaborado por Fundación SERES y Deloitte, analiza la contribución social de 46 compañías que forman parte del ecosistema SERES y su capacidad para anticipar y responder a los desafíos sociales en un contexto de transformación en material regulatoria y económica. En un momento marcado por la incertidumbre, la presión normativa y la búsqueda de modelos empresariales más resilientes, el informe identifica las claves que están definiendo el papel de las empresas como agentes sociales y estratégicos para la competitividad.

En esta edición, el estudio se ha reenfocado para ofrecer una lectura más alineada con las exigencias de mercado y con los marcos regulatorios de la Unión Europea en materia de sostenibilidad, especialmente en lo relativo al nuevo estándar de información social. El análisis muestra una mayor madurez en la integración de la dimensión social en las compañías (el 60% de las empresas prevé mantener su inversión social en los próximos dos años y el 22% anticipa un incremento), con avances en la adopción de la doble materialidad y un incremento notable en la calidad del reporte asociado a los estándares sociales.

La presentación del informe pone especialmente el foco en la transición del impacto social entendido tan solo como contribución, a su lectura como factor estratégico de valor y resiliencia empresarial.

 

Un contexto regulatorio en evolución

El panorama regulatorio europeo ha entrado en un nuevo ciclo. Tras años de expansión normativa (marcados por la CSRD, la CSDDD y el despliegue del Pacto Verde Europeo), la UE ha iniciado una fase de simplificación legislativa para equilibrar ambición y viabilidad de las empresas. Reformas como la Directiva Stop-the-Clock, el paquete Ómnibus I o el aplazamiento de la aplicación del EUDR responden a esta nueva dinámica.

Este replanteamiento coincide con un entorno global de incertidumbre económica y geopolítica que impacta de lleno en la actividad empresarial. La sostenibilidad ha pasado de entenderse como una obligación regulatoria a convertirse en un punto estratégico de competitividad. Para las organizaciones, implica desarrollar nuevas capacidades: integrar la sostenibilidad en la estrategia, anticipar riesgos sociales y ambientales a lo largo de la cadena de valor y consolidar un reporting que genere confianza y pueda verificarse con rigor.

En este marco, la dimensión social gana relevancia, situando a los colectivos de trabajadores, comunidades y consumidores, así como derechos humanos y cadena de valor en el centro del análisis. Normativas como la CSDDD, los reglamentos de Deforestación, Minerales en conflicto, Trabajo Forzoso o el Reglamento de IA refuerzan las exigencias en torno a la gestión de estos aspectos.

 

El papel de las empresas: avanzar en transparencia, gestión social y doble materialidad

La primera ola de reporting bajo la CSRD en el IBEX-35 ofrece una guía significativa para el tejido empresarial español. Según el análisis realizado en el informe:

  • Las compañías reportaron una media de 74 IROs materiales (Impactos, Riesgos y Oportunidades) en el ejercicio 2024.
  • Más de la mitad de ellos están vinculados a la dimensión social, confirmando su peso creciente.
  • El estándar S1 – Trabajadores propios es el más trabajado, reportado por el 100% de las empresas analizadas.
  • Los estándares S2 (cadena de valor) y S3 (comunidades afectadas) muestran mayores retos derivados de la dificultad de obtener información fuera del perímetro directo.
  • Los sectores con mayor huella territorial (Infraestructura, Construcción y Energía) presentan los reportes más desarrollados en S3.
  • Las compañías B2C destacan en S4 (Consumidores), mientras que las B2B muestran una menor presencia de este ámbito.

Uno de los cambios más relevantes es la adopción del concepto de doble materialidad. Las empresas están integrando por primera vez análisis exhaustivos sobre impactos, riesgos y oportunidades, aunque la perspectiva prospectiva (riesgos y oportunidades futuras) continúa siendo el área menos madura.

 

Tendencias clave en materia social

Las demandas en torno a la gestión social son cada vez más amplias y exigentes. Entre las principales tendencias identificadas destacan el refuerzo de los derechos humanos, un mayor control de la cadena de valor y la agenda de diversidad.

La entrada en vigor de la CSDDD (pendiente de ajustes en el paquete Ómnibus I) introduce obligaciones de identificación, prevención y remediación de impactos adversos en toda la cadena de valor, reforzando la importancia de la trazabilidad, los mecanismos de denuncia y la relación con comunidades locales y rightholders.

Complementan este marco normativas como el Reglamento de Deforestación (EU Deforestation Regulation), el Reglamento de Minerales de Conflicto o el Reglamento sobre Trabajo Forzoso, todos ellos con exigencias de debida diligencia.

En cuanto a diversidad equidad e inclusión (DE&I), el ámbito legislativo español ha avanzado significativamente con normas como el Real Decreto-ley 6/2019 (planes de igualdad y registros salariales), la Ley 15/2022 (no discriminación), la Ley 4/2023 (derechos LGTBI) y las directivas europeas sobre transparencia retributiva.Estas normas amplían el alcance de las obligaciones corporativas, incorporando nuevas dimensiones como discapacidad, identidad y expresión de género, igualdad salarial o prevención de la violencia sexual.

Las empresas SERES, cuya evidencia se analiza en detalle desde hace más de una década a través del Informe del Impacto Social de las Empresas SERES-Deloitte, se consolidan como un termómetro de hacia dónde evoluciona el mercado en materia de impacto social. Su comportamiento sectorial permite entender qué prácticas se están convirtiendo en estándar y cuáles empiezan a marcar diferenciación competitiva.

“La gestión del impacto social ha entrado en una nueva etapa, impulsada tanto por la exigencia regulatoria como por la creciente sensibilidad de los grupos de interés. Las empresas ya no conciben la sostenibilidad como un elemento añadido, sino como parte estructural de su estrategia. Medir, gestionar y comunicar con transparencia su contribución social se ha convertido en un factor esencial para generar confianza y crear valor sostenible para las personas y la sociedad”.

Concha Iglesias, socia responsable de Sustainability de Deloitte España

Conclusión: un nuevo marco para el valor social empresarial

El XI Informe del Impacto Social de las Empresas confirma una transición profunda en el modo en que las compañías gestionan y reportan su impacto social. Lo social ya no es un componente accesorio de la sostenibilidad, sino un pilar estratégico con implicaciones directas en la competitividad, el acceso a financiación, la atracción de talento y la relación con los grupos de interés.

En un entorno de regulación cambiante y creciente exigencia, las empresas que integren la gestión social en su estrategia, refuercen la transparencia y aseguren procesos sólidos de diligencia debida estarán mejor preparadas para afrontar los retos del futuro, proteger su competitividad y generar valor sostenible para la sociedad.

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