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En 2026, a medida que se avanza en la escalabilidad de la inteligencia artificial, el ruido mediático pasará a ser más silencioso, pero a la vez, más inteligente. La conversación se centrará en aspectos mucho más profundos y la brecha entre la promesa y la realidad se reducirá, aunque no llegará a desaparecer. El avance vendrá menos de modelos nuevos y más de los fundamentos, de su capacidad de adopción real, a escala, en todas las industrias.
Este cambio de enfoque se produce en un momento en el que el sector tecnológico, de medios y telecomunicaciones (TMT) no solo continúa con su expansión, sino que está siendo partícipe en la redefinición del crecimiento económico global. Lo más relevante es que TMT ya no crece solo por sí mismo, si no que se convierte en el motor que impulsa la transformación del resto de industrias, que potencia su propio crecimiento, eficiencia e innovación.
Dentro de este escenario, más de la mitad de las predicciones del informe para 2026 están relacionadas con la IA, y en especial con la IA agéntica y la expansión de los centros de datos de nueva generación. Pero también vemos cambios significativos en cómo consumimos información y entretenimiento. Y, al mismo tiempo, crece la preocupación por la soberanía tecnológica, la resiliencia de las cadenas de suministro y el futuro de la conectividad.
2026 no será el año de la transformación profunda, ni de la aparición de un nuevo modelo, será el año en el que muchas de las piezas encajen: donde la IA se vuelve más integrada, más práctica y con mayor valor.
Estas cuatro tendencias no actúan como un sistema independiente, si no que forman parte de un mismo mecanismo, de un ecosistema profundamente interconectado. La IA agéntica dispara la demanda de cómputo, lo que acelera la necesidad de infraestructuras más potentes. Esa necesidad recae sobre los semiconductores avanzados, un sector que se encuentra sometido a tensiones tecnológicas, comerciales y geopolíticas que condicionan la capacidad global de innovación. A su vez, estos chips de nueva generación abren la puerta a nuevos formatos y modelos de producción en medios. Y esta explosión de contenido digital más instantáneo, más personalizado, más intensivo en IA, incrementa la presión sobre los data centers, que se convierten en la base crítica de la economía de IA.
En 2026, la disrupción deja de ser sectorial para convertirse en sistémica. Comprender y anticipar estas interdependencias será la clave para competir y liderar en la próxima fase de la transformación digital.