En los últimos años, Colombia ha registrado incrementos del salario mínimo muy por encima de la inflación y del crecimiento de la productividad. Esto ha fortalecido el debate sobre su sostenibilidad y sus efectos en la economía.
El salario mínimo es un referente central para contratos, tarifas y ajustes económicos, por lo que sus aumentos se transmiten rápidamente a los precios. Cerca del 30% de la canasta del IPC está indexada a la inflación y otro 28% al salario mínimo, lo que amplifica la inercia inflacionaria cuando los aumentos salariales son elevados.
A pesar de los ajustes recientes, ha crecido la proporción de trabajadores que ganan hasta un salario mínimo, pasando de 48.3% en 2018 a 58.3% en 2025, reflejando rigidez salarial y presiones sobre el empleo.
El análisis econométrico desarrollado por Econosignal confirma que los incrementos del salario mínimo generan presiones inflacionarias en el corto plazo, mientras que la productividad actúa como amortiguador. Cuando los salarios crecen más rápido que la productividad, la inflación se vuelve más sensible a choques económicos.
El estudio concluye que:
Econosignal es el equipo de inteligencia económica de Deloitte, especializado en análisis de coyuntura, pronósticos, estudios sectoriales y modelación económica para la toma de decisiones estratégicas.
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