Durante décadas, muchas organizaciones consideraron la determinación del valor en aduana como un ejercicio documental sin impacto real sobre los impuestos al comercio exterior debido a una tendiente desgravación arancelaria de la mercancía. Facturas, contratos, comprobantes de pago y documentos de transporte se integraban de forma fragmentada para respaldar el valor declarado ante la autoridad, pero no se efectuaba un análisis o estudio detallado de cómo secomponía la base gravable (valor en aduana) de las mercancías de importación.
Ese modelo se transformó, ya que la entrada de la Manifestación de Valor Electrónica (MVE) representó uno de los cambios más relevantes en la arquitectura de cumplimiento aduanero en México. Con este nuevo esquema, la autoridad no solo espera que las empresas declaren correctamente el valor, sino que también puedan demostrar digitalmente la trazabilidad completa de su determinación y cómo es que establecieron el valor que se declara a nivel transaccional.
La MVE deja de ser simplemente una nueva obligación regulatoria, se constituye como un cambio estructural en la forma en que las autoridades esperan que las empresas gestionen, documenten y demuestren el valor de sus mercancías en aduana.
En un entorno donde el comercio internacional es cada vez más digital y regulado, la diferencia entre las organizaciones que lideran y las que reaccionan radica en una sola decisión: tratar el cumplimiento como un costo administrativo o verlo como una capacidad estratégica basada en datos que genera ventajas, eficiencias y reducción de riesgo. Mayor información: Dslatam_dgen@deloittemx.com
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