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El comercio exterior atraviesa una transformación estructural. Los cambios en la política arancelaria de Estados Unidos y la evolución de los esquemas comerciales han modificado las condiciones que, durante décadas, brindaron estabilidad a lascadenas globales de valor.
En este entorno, los aranceles han dejado de ser un asunto exclusivamente operativo para convertirse en un factor estratégico que influye en las decisiones de inversión, abastecimiento y expansión de empresas de todos los sectores.
La gestión arancelaria ya no puede abordarse como una función aislada o transaccional, pues las organizaciones necesitan integrar las capacidades de sus áreas de impuestos, legal, finanzas, riesgos, cumplimiento y cadena de suministro para comprender integralmente el impacto de cada decisión.
La relocalización de operaciones, la diversificación de proveedores y la búsqueda de nuevas fuentes de abastecimiento se encuentran entre las principales alternativas que las organizaciones evalúan.
Sin embargo, estas decisiones requieren analizar más que los costos arancelarios, ya que también es necesario considerar su impacto en: la rentabilidad del negocio, el cumplimiento regulatorio, los tiempos de entrega, la administración de inventarios, relaciones con clientes y proveedores, sin dejar de lado la continuidad de las operaciones.
Las empresas con mayores posibilidades de prosperar en este entorno son aquellas que desarrollan su estrategia a través de tres etapas:
La capacidad de adaptación y reinvención será determinante para impulsar el crecimiento en esta nueva era del comercio exterior.
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