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La infraestructura está evolucionando de un modelo basado en activos independientes hacia un ecosistema de sistemas físicos y digitales cada vez más interconectados. Redes de transporte, energía, agua, comunicaciones y datos dependen unas de otras, mientras que la Inteligencia Artificial comienza a desempeñar un papel central en su planificación, operación y mantenimiento. De acuerdo con la Encuesta sobre el Futuro de la Infraestructura 2026 de Deloitte, el principal desafío ya no es únicamente construir más infraestructura, sino desarrollar la capacidad institucional para financiarla, operarla y protegerla en un entorno de creciente complejidad e interdependencia.
El estudio revela que la inversión continuará creciendo en sectores como infraestructura digital, movilidad, energía, agua y espacios sociales, aunque persisten obstáculos importantes para su ejecución. Entre ellos destacan las restricciones presupuestarias, la dificultad para estructurar proyectos financieramente viables y la complejidad regulatoria, identificada por los encuestados como el principal freno para la entrega de infraestructura.
Asimismo, la ciberseguridad emerge como una prioridad estratégica, mientras que la preparación frente a fenómenos meteorológicos extremos muestra una brecha entre la preocupación de los gobiernos y las inversiones efectivamente destinadas a fortalecer la resiliencia de los sistemas.
Deloitte identifica cinco transformaciones que marcarán la próxima era de la infraestructura: la consolidación de un modelo de “sistema de sistemas”, nuevos esquemas para atraer capital, la reducción de la fricción institucional, una visión integral de la resiliencia y la incorporación de la Inteligencia Artificial como capa operativa de los activos conectados. El informe concluye que los gobiernos que logren fortalecer sus capacidades organizacionales y gestionar eficazmente las interdependencias entre sistemas estarán mejor posicionados para impulsar el crecimiento económico y responder a las demandas de infraestructura del futuro.