Las organizaciones en Latinoamérica atraviesan una etapa decisiva en su evolución digital. La adopción de infraestructuras híbridas se ha convertido en una estrategia crítica de negocio. Este modelo ofrece escalabilidad, agilidad y cumplimiento regulatorio, pero también abre la puerta a nuevos riesgos si no existe una arquitectura de seguridad robusta para contener ataques y amenazas.
El reto es profundo: solo 23% de las organizaciones reporta tener visibilidad completa de sus entornos Cloud, lo que significa que la mayoría opera con puntos ciegos que dificultan la detección temprana de amenazas. Adicionalmente, más de 20% de los incidentes en la nube se atribuyen a configuraciones erróneas, muchas originadas por errores humanos y políticas inconsistentes entre plataformas.
En Latinoamérica, donde un solo incidente puede poner en riesgo cadenas de suministro, operaciones críticas o información sensible, la ciberseguridad se convierte en una disciplina estratégica tan relevante como la gestión financiera o la planeación de capital. No se trata únicamente de prevenir amenazas, sino de sostener la confianza y la continuidad del negocio en mercados competitivos.
En este contexto, la adopción de estrategias solidas de seguridad se convierte en un elemento fundamental de la operación de las organizaciones. Acciones como administrar identidades, reducir privilegios indebidos y unificar criterios de acceso en infraestructuras híbridas y multicloud son una necesidad que marca la diferencia. Las amenazas actuales demuestran que la mayoría de las brechas provienen de credenciales comprometidas, configuraciones deficientes y controles laxos. Por ello, organizaciones que adoptan una postura proactiva no solo protegen sus sistemas: fortalecen su reputación, su capacidad de innovación y su estabilidad financiera.
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