Ir al contenido principal
Bienvenidos a Deloitte

Si seleccionamos la experiencia incorrecta para usted, cámbiela arriba.

Cambios en la forma de reportar los resultados en 2027, qué debemos saber y cómo anticiparnos

La nueva NIIF 18 modifica la forma de presentación de los resultados de una compañía, con impactos más allá de lo contable.

A continuación les compartimos una nota de Fernando De Nicola, Socio de Deloitte, especialista en NIIF y mercados de capitales locales e internacionales, publicada en Mercado.

La nueva norma contable internacional para la preparación de estados financieros emitida hace más de un año por el órgano internacional de normas de contabilidad (IASB, por sus siglas en inglés) vino para reemplazar a la IAS 1 y a cubrir una demanda previa de inversores, bancos y otros usuarios de los estados financieros, que veían una necesidad de mejorar la forma de presentación de los resultados de las compañías y, de esta forma, poder evaluar mejor su desempeño.

La proximidad con la fecha de su entrada en vigencia obligatoria (1° de enero de 2027 para ejercicios con cierre el 31 de diciembre) nos lleva a remarcar algunos temas para comprender y abordar con cierta premura, sobre todo en aquellos casos donde aún no se haya avanzado con un plan de implementación de la norma.

Quizás valga aclarar antes que nada que las NIIF en Argentina son obligatorias para aquellas compañías públicas (por ejemplo, las registradas ante la CNV), pero también pueden ser utilizadas en forma optativa por compañías no públicas. Además, son ampliamente utilizadas en la preparación de los reportes internos enviados al accionista controlante o casa matriz del exterior en los grupos empresarios internacionales, información que habitualmente se utiliza como base para medir la gestión del Management local.

Si bien la NIIF 18 contiene algunos requerimientos adicionales, tales como la incorporación en notas a los estados financieros de ciertas métricas no contables que utilice una compañía, así como para la agregación y desagregación de información en los estados financieros, hoy nos centraremos en los cambios y desafíos relacionados con la forma de presentar el estado de resultados en compañías comerciales e industriales. La norma es única para todo tipo de compañías, aunque las implicancias para entidades financieras y de seguros podrían ser diferentes.

La NIIF 18 es una norma de presentación. Sin embargo, su impacto va mucho más allá, ya que implica determinar cómo una compañía o grupo económico define su modelo de negocios, mide su desempeño y comunica su historia financiera a terceros.

En síntesis, los cambios clave no son los nuevos subtotales en el estado de resultados, sino la oportunidad de identificar claramente las actividades que impulsan el desempeño y clasificar ingresos y gastos de una manera más significativa y estructurada.

¿Cuáles son los principales cambios en la presentación y cómo podrían impactar?

La NIIF 18 requiere que las entidades clasifiquen ingresos y gastos en función de su actividad principal, segregando aquellos provenientes de sus actividades operativas, de inversión, de financiación y del impuesto a las ganancias.

Si bien esta segregación pudiera parecer sencilla, en la aplicación práctica reviste una cantidad importante de temas para analizar, incluyendo los procesos y sistemas que generan la información fuente, los controles relacionados y los eventuales impactos en la presupuestación y control de gestión, las evaluaciones de performance internas y el cumplimiento de ratios o covenants en contratos.

Por ejemplo, la NIIF 18 exige clasificar las diferencias de cambio y los resultados por exposición a la inflación de acuerdo con la naturaleza de la transacción subyacente. Esto implica identificar las cuentas principales que les dan origen y luego efectuar la determinación de dichos resultados dentro de cada una de las categorías antes mencionadas.

Según la norma, la categoría de Operación debiera ser aquella que refleje las actividades principales de una entidad; es decir, la categoría donde imputar por defecto todos los resultados que no provengan de actividades de financiación o inversión, ni de la determinación del impuesto a las ganancias.

Uno de los desafíos menos visibles de la NIIF 18 se relaciona con los sistemas y planes de cuentas. Muchas organizaciones no cuentan con estructuras preparadas para clasificar transacciones en categorías operativas, de inversión y financiación con el nivel de detalle ahora requerido.

Las diferencias de cambio y el resultado por exposición a la inflación constituyen un claro ejemplo. El manejo de fondos a través de tesorería requiere un análisis particular, de forma de poder identificar los resultados generados por actividades de inversión (intereses, diferencias de cambio, diferencias en el valor razonable de títulos u otros instrumentos financieros, inversiones en asociadas o negocios conjuntos, entre otros), diferenciándolos de aquellos que provienen del manejo diario de la caja, que generalmente forma parte de las actividades operativas de una compañía.

Un aspecto relevante en la consolidación de información financiera en grupos económicos es la consideración de la naturaleza de las transacciones con partes relacionadas, cuyos saldos generen diferencias de cambio que no se eliminen en la consolidación y deban clasificarse dentro de las tres categorías antes mencionadas.

El área de Planeamiento y Control de Gestión debiera comprender los impactos y redefinir sus presupuestos sobre la base de los nuevos criterios de clasificación de resultados, para luego efectuar un análisis de gestión sobre la nueva base de información financiera preparada por la compañía.

El área de Finanzas también debiera evaluar cómo los cambios en la forma de medir los resultados podrían impactar en la medición de ratios o en la preparación de métricas no contables (non-GAAP measures) utilizadas en presentaciones a bancos, inversores y otros grupos de interés.

El área de Talento (o equivalente) debiera comprender si los cambios introducidos por la norma podrían afectar alguna métrica de desempeño utilizada para la determinación de compensaciones variables a los empleados.

Finalmente, el área de Contabilidad y Finanzas (CFO o equivalente), responsable de liderar la implementación de la norma, debiera además administrar las comunicaciones internas con las demás áreas involucradas, incluyendo los órganos de administración, los accionistas y el management clave, de forma que se encuentren debidamente informados sobre los avances del proceso de implementación y sus impactos.

¿Todavía hay tiempo?

Esta es una pregunta que cada compañía, dependiendo de sus circunstancias particulares, debiera estar en condiciones de responder luego de realizar un diagnóstico detallado de su situación actual y de los impactos esperados.

Para aquellos que aún no hayan iniciado su diagnóstico, esperamos que este artículo les haya servido para dimensionar mejor el tema y generar una acción concreta para avanzar en ese sentido.

Para quienes ya se encuentren en alguna etapa del proceso y hayan identificado algunos de los temas aquí planteados, esperamos que estén avanzando en el camino y puedan llegar con los cambios implementados para fin de este año. Vale recordar que los efectos de la adopción de una nueva norma deben anticiparse en las notas a los estados financieros antes de su adopción.

Por último, buscar apoyo externo tanto para el diagnóstico como para la implementación es siempre una buena medida, especialmente antes de finalizar el tercer trimestre del año.