El panorama global sigue siendo desafiante, influido por tensiones geopolíticas que han provocado un crecimiento lento, asociado con disrupciones en las cadenas de suministro y con el incremento en los precios de los hidrocarburos y otros insumos, como el azufre y el helio.
Los países de la región han mostrado resiliencia frente a las políticas comerciales proteccionistas de 2025 —las exportaciones a EE. UU. crecieron 8% ese año— y al continuo flujo de remesas. Sin embargo, para 2026 se prevé que tanto el ritmo de crecimiento de las exportaciones como el envío de remesas se moderen, lo que podría traducirse en una demanda interna más débil. Aun así, la inversión pública en infraestructura en algunos países podría dinamizar la actividad económica, mejorando las perspectivas económicas. En este contexto, estimamos que la región crecerá 3.7% en 2026, desde el 3.5% observado en 2025.
Entre los principales desafíos se encuentran los conflictos geopolíticos, que podrían ejercer presiones inflacionarias si los precios de los hidrocarburos y otros insumos permanecen elevados durante varios meses. Como consecuencia, es probable que los bancos centrales pausen el ciclo de reducción de tasas de interés, lo que podría limitar la dinámica de la actividad económica. En materia fiscal, la deuda pública se mantiene en niveles manejables en el corto plazo; no obstante, países como Costa Rica, El Salvador y Panamá podrían enfrentar riesgos relacionados con la gestión presupuestaria.
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