Nuestra encuesta de 2026 muestra un cambio desde las tensiones hacia puntos de inflexión. ¿Qué decisiones deliberadas pueden tomar las organizaciones para adaptarse de manera continua, actuar con agilidad y liderar con un enfoque centrado en lo humano?
¿Control o empoderamiento? ¿Estabilidad o agilidad? ¿Automatización o augmentación? El año pasado exploramos estas tensiones y la necesidad de gestionar las polaridades en juego. Sin embargo, en 2026, la velocidad del cambio está agudizando los contornos de estas preguntas. Las organizaciones ya no solo intentan equilibrar fuerzas en competencia: se encuentran frente a un punto de inflexión.
En nuestra Encuesta de Tendencias Globales de Capital Humano 2026, 7 de cada 10 líderes empresariales afirman que su principal estrategia competitiva para los próximos tres años es ser rápidos y ágiles: adaptarse con velocidad y capitalizar los cambios en las necesidades del negocio, de los clientes o del mercado.
Los líderes también señalan que los dos impulsores más importantes del éxito son acelerar la forma en que se orquestan las personas y los recursos para realizar el trabajo, y fortalecer la capacidad de la organización y de la fuerza laboral para adaptarse al cambio y a la velocidad.
La IA y la transformación de la fuerza laboral están acelerando el ascenso y haciendo que la meseta llegue antes (figura 1). Para seguir siendo competitivas, las organizaciones se ven presionadas a saltar más rápidamente a la siguiente curva.
Los ciclos extensos de planificación y la ejecución predecible pueden dejar de ser viables en un mundo en el que los mercados, las tecnologías y las expectativas de los trabajadores y los clientes cambian en tiempo real. En este contexto, el éxito puede depender cada vez más de la capacidad de detectar el cambio, experimentar con rapidez y adaptarse de manera continua.
Hoy, nuevos datos e insights sobre la fuerza laboral —que van desde los gemelos digitales organizacionales hasta la analítica en tiempo real— hacen posible visualizar con mayor precisión en qué punto de la curva se encuentra una organización y dirigir activamente cómo y cuándo dar el salto hacia la siguiente.
Históricamente, las organizaciones saltaban a la siguiente curva incorporando nueva tecnología, una estrategia que hoy puede ya no ser suficiente. Para seguir siendo competitivas, las organizaciones probablemente deban dar ese salto de una manera diferente.
En la actualidad, la ventaja competitiva está impulsada menos por la diferenciación tecnológica y más por el desarrollo de la ventaja humana. La tecnología —especialmente algo tan cada vez más ubicuo como la IA— es replicable. Las personas no.
Los seres humanos generan diferenciación competitiva a través de su capacidad de adaptación, creatividad y criterio en contextos de incertidumbre y cambio. En el caso de la IA, el valor se desbloquea mediante una reimaginación del trabajo que articule, de forma conjunta, lo mejor de las personas y de las máquinas.
De hecho, una investigación reciente de Deloitte realizada con 100 líderes C‑suite revela que la mayoría de las organizaciones (59%) adopta un enfoque centrado en la tecnología en relación con la IA. Sin embargo, aquellas que siguen este enfoque tienen 1,6 veces más probabilidades de no obtener retornos de las inversiones en IA que superen las expectativas, en comparación con las que adoptan un enfoque centrado en las personas.¹
Este foco human‑centric permite a las organizaciones dar el salto con confianza hacia la siguiente curva, en lugar de permanecer en la misma o, peor aún, quedar fuera de la curva por completo (figura 2).
Lo que hace que este momento sea diferente es que las presiones sobre las organizaciones ya no se presentan de manera secuencial, sino que se superponen y se intensifican entre sí. El avance tecnológico converge con la volatilidad económica, las tensiones geopolíticas, las expectativas sociales y una fuerza laboral que evoluciona con rapidez.
La frontera entre la planificación y la ejecución se está desdibujando, al mismo tiempo que se intensifican las presiones de costos, los mandatos de eficiencia y los cuestionamientos en torno a la confianza y la claridad. Muchos líderes se sienten abrumados: son conscientes de los desafíos, pero les cuesta actuar con decisión. Tensiones que antes podían gestionarse en el tiempo hoy se convierten en puntos de inflexión, donde la hesitación implica el riesgo de perder oportunidades y generar consecuencias duraderas para las organizaciones, sus personas y la sociedad.
En momentos de discontinuidad, los líderes enfrentan una elección: seguir atados a la curva anterior o dar un salto decidido hacia la siguiente. Las organizaciones que logran destacarse ven los puntos de inflexión como una oportunidad y no como una crisis, pero cambiar esa mentalidad no es sencillo. Soltar modelos conocidos, replantear supuestos y acompañar a las personas en el proceso requiere coraje, incomodidad y perseverancia. Al adoptar la reinvención de forma constante, estas organizaciones pueden transformar la disrupción en impulso, desbloqueando nuevo valor, potencial humano y crecimiento en la próxima curva S. La siguiente curva no está en el horizonte: ya se está desplegando.
En 2026, tres puntos de inflexión se destacan como especialmente relevantes: momentos en los que los líderes deberán decidir si aferrarse a la curva anterior o saltar hacia la próxima. Cada uno de estos puntos de inflexión representa un cambio que las organizaciones ya no pueden postergar. No se trata de posibilidades lejanas, sino de realidades presentes, que exigen decisiones capaces de definir cómo las organizaciones crean valor, construyen confianza y liberan el potencial humano en un mundo impulsado por la IA. Dada la velocidad y complejidad del cambio, estos puntos de inflexión pueden arrastrar a los líderes o convertirse en momentos para actuar con precisión e intención.
Los límites entre las personas y las máquinas se están desdibujando. Las organizaciones probablemente necesiten rediseñar el trabajo para aprovechar la sinergia entre humanos y máquinas, yendo más allá de un modelo en el que personas y tecnologías simplemente trabajan una al lado de la otra. Esto implica repensar la cultura organizacional, los derechos de decisión y la confianza en los datos como base del proceso.
Las preguntas que surgen son fundamentales:
La presión constante sobre los costos, los cambios en los comportamientos de consumidores y trabajadores, y los desplazamientos geopolíticos han llevado a muchas organizaciones a priorizar la eficiencia a cualquier costo. Sin embargo, a medida que ese modelo comienza a mostrar límites, el foco debe desplazarse hacia la creación de valor. Esto implica evolucionar las funciones para que estén verdaderamente alineadas con su propósito, invertir en innovación y priorizar el crecimiento a través de la adaptabilidad, en lugar de limitarse a la reducción del gasto. Al mismo tiempo, los cambios demográficos y la disminución de la fuerza laboral están convirtiendo la capacidad humana en un recurso cada vez más escaso, lo que eleva la necesidad de invertir allí donde las personas generan un valor único e irremplazable. Las organizaciones que logren destacarse probablemente no serán las que automaticen más rápido, sino aquellas que canalicen la eficiencia hacia la reinversión, impulsando nuevas formas de creación de valor y de desempeño de las personas.
El futuro es, al mismo tiempo, presente y desconocido, lo que convierte a la curiosidad en una capacidad organizacional clave. Mantener la relevancia implica reimaginar de forma continua cómo las personas cambian, aprenden y crecen. Y a medida que la estrategia y la ejecución convergen, las organizaciones probablemente necesiten ir más allá de los roles y puestos de trabajo estructurados, para orquestar capacidades y habilidades que les permitan responder a demandas cambiantes.
Esto supone construir sistemas de aprendizaje permanente, experimentación y reinvención continua, en los que las personas no solo se adapten a la disrupción, sino que estén empoderadas para darle forma. El propósito, los valores y la cultura deben evolucionar desde declaraciones estáticas hacia elementos vivos de la organización, capaces de brindar anclaje y, al mismo tiempo, la libertad necesaria para adaptarse, competir y prosperar.
Cada punto de inflexión representa una oportunidad para que los líderes pongan a prueba nuevas posibilidades y aceleren el salto hacia la siguiente curva, al tiempo que pone de relieve preguntas que ya no pueden seguir postergándose. La promesa de la IA se está expandiendo rápidamente, extendiéndose al trabajo y a la fuerza laboral como nunca antes; sin embargo, la brecha entre su potencial y la realidad actual sigue siendo significativa. Cerrar esa brecha probablemente requiera que las organizaciones evolucionen de forma deliberada la manera en que se diseña el trabajo, cómo las personas mantienen su relevancia y cómo el liderazgo y la cultura habilitan la adaptación.
El informe de este año se centra en decisiones que, según nuestra investigación, а pesar de ser poderosas palancas de creación de valor, suelen pasarse por alto. Muchas organizaciones aún no están tomando decisiones intencionales en estos ámbitos. Los capítulos que siguen analizan estas preguntas en profundidad, arrojando luz sobre las decisiones que los líderes deberán gestionar para prosperar en un mundo impulsado por la IA y en constante cambio.
La reinvención ya no es episódica: se ha convertido en la nueva línea de base del trabajo y de la fuerza laboral. Las organizaciones que logren prosperar probablemente serán aquellas capaces de convertir la discontinuidad en impulso, y de avanzar con rapidez para rediseñar el trabajo, los roles y la creación de valor, en lugar de recurrir a estrategias del pasado frente a la IA y otros avances.
A medida que la curva S se comprime, también lo hacen las capacidades necesarias para navegarla. Allí donde antes la innovación, el escalamiento y la eficiencia ocurrían de forma secuencial, hoy deben coexistir, a menudo dentro de los mismos equipos e incluso en las mismas personas. Construir la ventaja humana es hoy tan crítico como gestionar la tecnología en sí misma. Esto implica no solo preparar a las personas para el futuro, sino desarrollar una fuerza laboral capaz de aprender, adaptarse y reinventarse de manera continua y en tiempo real.
Aquellas organizaciones que adopten decisiones audaces e intencionales para fortalecer su ventaja humana serán las que marquen el estándar del éxito.
Metodología
El informe Global Human Capital Trends 2026 de Deloitte se desarrolló en colaboración con Oxford Economics, a partir de una encuesta realizada a más de 9.000 líderes empresariales y de Recursos Humanos de múltiples industrias y sectores, en 89 países.
Además de la encuesta global, que aporta los datos fundamentales del informe Global Human Capital Trends, Deloitte complementó su investigación con encuestas específicas a colaboradores, gerentes y miembros del equipo ejecutivo, con el objetivo de identificar posibles brechas entre las percepciones de líderes y managers y la realidad de las personas en su trabajo cotidiano.
Los datos de las encuestas se enriquecieron con más de 50 entrevistas a ejecutivos y especialistas en la materia de algunas de las organizaciones líderes de la actualidad. Estos insights contribuyeron a dar forma a las tendencias presentadas en este informe.