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A continuación les compartimos una nota en Forbes tras la participación de Andrés Gil, Socio de Ciberseguridad en Banca, Seguros y Tecnológicas de Deloitte S-Latam, en el Fintech Summit organizado por el medio.
La apertura de los datos financieros promete más competencia, mejores tasas y nuevos servicios para los usuarios. Aunque el país ya avanza en su implementación, todavía enfrenta desafíos regulatorios, de seguridad y educación financiera.
La posibilidad de reunir en un solo lugar la información de cuentas bancarias, billeteras virtuales, inversiones, seguros y créditos empieza a redefinir el futuro de los servicios financieros. Bajo el concepto de Open Finance, o finanzas abiertas, el sistema busca que los usuarios puedan compartir sus datos de manera segura y con su consentimiento para acceder a ofertas más competitivas. El avance de la inteligencia artificial y de los agentes autónomos podría acelerar ese proceso y abrir nuevas oportunidades de negocio para bancos, fintech y emprendedores.
"Para nosotros, Open Finance es la democratización de los servicios financieros", definió Julián Bersano, CEO y cofundador de Klimber, durante el panel Open Finance y Datos: la nueva infraestructura del sistema financiero, moderado por la periodista Florencia Radici. Según explicó, el objetivo es que las personas puedan acceder a mejores ofertas y propuestas a partir de una mayor interconexión entre las entidades que participan del sistema.
Andrés Gil, socio de Cyber en Banca, Seguros y Tecnología de Deloitte, puso el foco en la propiedad de la información. "El concepto clave de Open Finance es poder darle al cliente la potestad de manejar sus datos", señaló. Esto supone que la información financiera no quede limitada a la entidad en la que una persona abrió una cuenta, sino que pueda compartirse con otros proveedores bajo condiciones definidas por el propio usuario.
El consentimiento es una de las claves del modelo: el cliente debe poder decidir qué información comparte, con quién, para qué finalidad y durante cuánto tiempo. La infraestructura tecnológica que permite ese intercambio son las interfaces de programación de aplicaciones, conocidas como APIs, que conectan los sistemas de las distintas organizaciones.
La evolución de Open Finance no se limita a facilitar el acceso a la información. También puede modificar la forma en que los consumidores buscan y contratan productos financieros.
Bersano destacó el potencial de los agentes de inteligencia artificial capaces de asistir a los usuarios en la comparación de alternativas. En un escenario de mayor desarrollo de estas herramientas, una persona podría recurrir a un agente para buscar un crédito o contratar un seguro y recibir propuestas de distintos proveedores en función de su perfil y sus necesidades. "Cuando eso siga creciendo, va a generar muchísimas más opciones para el cliente", sostuvo. El impacto podría traducirse en mejores condiciones, tasas más competitivas y una mayor capacidad para elegir entre distintas alternativas.
Para las empresas, la apertura de los datos también puede habilitar nuevos modelos de negocio. Una fintech que cuente con más información relevante sobre un potencial cliente podría mejorar sus evaluaciones de riesgo y ajustar el precio de sus productos. Eso permitiría desarrollar ofertas más precisas tanto en crédito como en seguros.
"Si Open Finance sigue creciendo, es una gran oportunidad para los emprendedores y para las nuevas fintech que puedan ofrecer tasas y servicios competitivos", afirmó Bersano. En su visión, la Argentina cuenta con capacidades para avanzar en este terreno, aunque se trata todavía de un mercado incipiente.
La competencia es otro de los efectos esperados. Si los usuarios pueden compartir su información y comparar propuestas con mayor facilidad, las entidades tendrán más incentivos para mejorar sus productos y sus condiciones comerciales. La apertura podría así modificar las ventajas que históricamente tuvieron las organizaciones que concentraban la relación con el cliente y sus datos.
La expansión de las finanzas abiertas también plantea una pregunta central: cómo garantizar que la información circule sin exponer a los usuarios a fraudes, filtraciones o usos indebidos.
Gil advirtió que el enfoque tradicional de seguridad, basado en proteger individualmente a cada organización, resulta insuficiente en un sistema cada vez más interconectado. Una entidad puede contar con controles sólidos y, aun así, quedar expuesta a vulnerabilidades de otros participantes con los que intercambia información. "En un mundo financiero tan interconectado, no alcanza con pensar que me protejo yo y me olvido de los demás", planteó. Por eso, consideró necesario avanzar hacia estándares comunes que contemplen la seguridad del ecosistema en su conjunto.
Las APIs son un punto crítico de esa infraestructura. Aunque permiten conectar plataformas y compartir información, también requieren controles técnicos, mecanismos de validación y reglas claras sobre quién puede acceder a los datos y bajo qué condiciones.
"Los datos no van a estar en un lugar central. Los va a tener cada participante y los va a compartir mediante un mecanismo con reglas comunes", explicó Gil. Además, remarcó que la responsabilidad no puede recaer exclusivamente en las empresas. La educación financiera y digital es otro componente necesario para que los usuarios comprendan qué información comparten, qué permisos conceden y cómo identificar posibles estafas.
En ese sentido, la regulación cumple un papel decisivo. Argentina cuenta con un marco inicial para avanzar hacia las finanzas abiertas, pero todavía necesita desarrollar reglas específicas y mecanismos efectivos de supervisión. Para Gil, el desafío no consiste únicamente en establecer normas. "Lo que importa de cualquier normativa es cómo se la aplica", señaló.
Entre los interrogantes pendientes mencionó quién verificará que las APIs sean seguras y cómo se controlará a los participantes que accedan al ecosistema. A los bancos y las fintech se suman aseguradoras y otras compañías que también pueden intervenir en el intercambio de información.
El país ya tiene experiencias de intercambio de información y conexiones entre entidades mediante APIs, pero la consolidación de un sistema de Open Finance requiere avanzar hacia criterios comunes y una mayor coordinación entre los participantes.
Gil mencionó el Decreto 353 de mayo de 2025 como un punto de partida para la agenda de finanzas abiertas. Sin embargo, comparó ese marco con una Constitución: establece principios generales, pero necesita normas específicas que permitan llevarlos a la práctica. También señaló la necesidad de actualizar la legislación de protección de datos personales y fortalecer su aplicación.
Bersano, por su parte, consideró que la Argentina tiene condiciones para avanzar. "La Argentina siempre lidera en varios aspectos de innovación", sostuvo, y destacó que la apertura de los datos puede impulsar el desarrollo de nuevos emprendimientos y productos financieros.
El desafío será combinar innovación, competencia y protección del consumidor. Sin estándares adecuados, una mayor circulación de información podría aumentar los riesgos de fraude.
Conocé la nota completa en Forbes:
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