El estudio muestra una diferencia clara entre la mirada ciudadana y la del mundo empresarial. En la opinión pública, los riesgos se perciben desde el impacto directo en la vida cotidiana, y los más presentes en mayo son los riesgos económicos (66% de alta ocurrencia), seguidos por los políticos (56%), los tecnológicos (55%) y los sociales (52%). El componente medioambiental queda bastante más atrás, con 25% de alta ocurrencia.
A nivel específico, la ciudadanía identifica como problemas más presentes los fraudes por internet y ciberataques (69%), las alzas en luz y combustibles (68%), las alzas en el costo de la vida (67%), el aumento de la delincuencia y el narcotráfico (65%) y los problemas políticos (65%).
En contraste, el panel de negocios distingue con mayor claridad entre niveles de exposición. Para el mundo, el mayor riesgo es el geopolítico (69%), seguido del tecnológico (59%) y del económico (44%). Para Chile, la percepción se concentra de forma más equilibrada entre riesgo tecnológico (39%), geopolítico (37%), económico (37%) y social (37%). Pero cuando la evaluación baja al plano de la empresa, la intensidad disminuye: el mayor riesgo es el geopolítico (31%), seguido por el tecnológico (24%) y el económico (15%).
Lectura clave: mientras la ciudadanía observa riesgos que ya afectan su día a día, el mundo empresarial reconoce una presión externa relevante, pero modera su percepción cuando analiza el impacto directo sobre su propia organización.
Uno de los hallazgos más relevantes del índice es la brecha en la percepción de incertidumbre sobre el futuro del país. En la opinión pública, el futuro de Chile a seis meses registra una nota promedio de 6,9 y un 47% de alta incertidumbre. En el panel de negocios, en cambio, la nota promedio baja a 5,5 y solo 7% declara alta incertidumbre.
Esto confirma que la ciudadanía experimenta un escenario significativamente más impredecible que el que observan los tomadores de decisión. Además, en mayo la alta incertidumbre ciudadana sube frente a abril, pasando de 41% a 47%, mientras que en negocios aumenta desde 4% a 7%, aunque sigue en niveles acotados.
Lectura clave: Chile aparece hoy como un país donde la incertidumbre se vive con mucha mayor fuerza desde los hogares que desde las mesas directivas.
En ciudadanía, la evaluación del presente sigue siendo débil. Solo 25% evalúa positivamente la situación económica actual del país, 11% la situación del empleo y 21% la capacidad de los consumidores para comprar bienes y servicios. Sin embargo, la percepción mejora cuando se mira la situación de las empresas (62% positiva) y, en menor medida, la economía familiar (41% positiva).
Hacia adelante, las expectativas siguen siendo mixtas. En los próximos seis meses, 75% cree que la situación económica de las empresas mejorará y 51% piensa que mejorará la economía de su familia. Pero el optimismo cae cuando se trata del país (41%), el empleo (37%) y el consumo (35%).
En el mundo empresarial, el presente también se evalúa con cautela, especialmente a nivel país, pero las expectativas son bastante más positivas. A seis meses, 93% cree que mejorará la inversión en el país, 83% la situación económica de su empresa o industria, 79% la inversión en su empresa o actividad, y 75% la economía del país. Incluso las expectativas sobre empleo son relativamente favorables: 59% proyecta mejora en el empleo de su sector y 46% en el empleo del país.
Lectura clave: la confianza económica en Chile convive hoy con una dualidad evidente: una evaluación crítica del presente y una expectativa futura más optimista, especialmente en el mundo empresarial.
El índice de mayo dibuja un escenario de riesgo alto, confianza frágil y optimismo selectivo. La ciudadanía enfrenta una percepción de riesgo mucho más vinculada a fenómenos inmediatos —costo de vida, seguridad, ciberfraude y tensión política—, mientras que el empresariado enfoca su atención en amenazas sistémicas y externas, especialmente geopolíticas y tecnológicas.
Lo más relevante es que ambas miradas no son contradictorias, sino complementarias: una refleja la presión del presente y la otra proyecta la capacidad de adaptación futura. Esa combinación sugiere que Chile entra al segundo semestre de 2026 con señales mixtas: persisten las alertas sobre lo cotidiano, pero también emerge una expectativa de recuperación en inversión, actividad y dinamismo económico.
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