Inversión y productividad en España: cinco claves del informe
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La productividad mide el valor añadido bruto generado por cada empleado o por cada hora trabajada. Su evolución determinará la capacidad de España para crecer, mejorar los niveles de vida y sostener su competitividad durante las próximas décadas.
Sin embargo, la economía española mantiene una brecha de alrededor del 23% respecto a la Eurozona en términos de productividad por empleado. Una distancia que refleja el déficit de capitales productivos y la capacidad del tejido empresarial para transformarlos en crecimiento rentable.
El informe "El papel de la inversión en el impulso a la productividad en España" analiza los factores que explican esta situación y propone una agenda de inversión orientada a movilizar capital para generar valor.
Uno de los principales hallazgos del estudio es que España no presenta el mismo déficit en todas las categorías de capital productivo.
El stock neto de maquinaria y equipamiento alcanza aproximadamente 29.700 euros por empleado en España, frente a unos 33.100 euros en la Eurozona, en términos reales. En estructuras productivas —excluidas las viviendas—, la posición española es ligeramente superior: alrededor de 79.100 euros por empleado, frente a 77.700 euros.
La diferencia más grande aparece en la propiedad intelectual: España acumula aproximadamente 8.100 euros por empleado, mientras que la Eurozona alcanza los 16.100 euros. Es decir, el stock neto de propiedad intelectual por empleado de la Eurozona multiplica por 1,98 al español.
Esta categoría incluye activos como la I+D+i, el software, las bases de datos o las obras originales, elementos críticos para impulsar la innovación, acelerar el progreso tecnológico y mejorar la competitividad empresarial.
Según se desprende del informe, los capitales productivos en propiedad intelectual, maquinaria y estructuras impactan positivamente sobre la productividad. El capital productivo intangible tiene especial capacidad para actuar como punta de lanza de los impulsos a la productividad. Los diferentes capitales productivos se complementan entre sí para materializar los impactos.
El estudio diferencia entre las empresas líderes, situadas por encima del percentil 95 de productividad, y las empresas convencionales, que agrupan al resto de las compañías analizadas. En términos agregados, estas últimas alcanzan aproximadamente un 30% de la productividad registrada por las líderes.
Esta situación genera una dinámica que es necesario revertir: las empresas menos productivas obtienen menos beneficios, y por ende disponen de menos capacidad para invertir e incorporar innovación, tecnología y nuevas capacidades para mejorar su competitividad.
Por ello, la inversión necesita crucialmente que las empresas puedan convertir el capital en crecimiento rentable y sostenible.
El informe estima que España necesitaría movilizar aproximadamente 65.000 millones de euros adicionales al año en promedio durante una década para aproximarse a los niveles de productividad de la Eurozona.
Este esfuerzo permitiría elevar la productividad por empleado en torno a 14.700 euros y reducir la brecha actual desde aproximadamente el 23% en 2025 hasta cerca del 3% en 2035.
El plan de inversiones que propone el estudio debe acometerse en el conjunto de sectores. El estudio estima la inversión que debe realizarse en:
Esta agenda combina inversiones en sectores con déficit de capital productivo de diferentes tipos, actividades estratégicas de elevada productividad y ámbitos que actúan como facilitadores para el conjunto de la economía.
Para movilizar la inversión y que esta se traduzca en mejoras sostenidas de productividad en el tejido empresarial, el informe propone un Plan de Transformación Integral articulado en tres niveles complementarios:
Cerrar la brecha de productividad exige conectar tres elementos: una mayor inversión, empresas preparadas para ejecutarla y un entorno que facilite la innovación y el crecimiento.
Para ello, será necesario mejorar la capacidad de transformación de las empresas y coordinar las actuaciones de administraciones, sectores, instituciones financieras, universidades y otros agentes económicos.