Este sitio utiliza cookies para ofrecerle un servicio más ágil y personalizado. Al usar este sitio usted acepta el uso de cookies. Por favor, lea nuestro aviso de uso cookies para obtener más información sobre las cookies que utilizamos y la manera de eliminarlas o bloquearlas.

Agregar a favoritos Correo electrónico Imprimir esta página

El pesimismo de los economistas


DOWNLOAD  

Publicado en Listin Diario
23 de abril, 2013
Por: Jose Luis De Ramón, Socio de Auditoría Deloitte

En la puesta en circulación de la Revista de Economia de la Academia de Ciencias expresé una idea sobre el pesimismo y los economistas que ha provocado un interesante debate entre economistas merecedor de mayor difusión.

Quise decir que los economistas sonamos pesimistas, deprimiendo al auditorio cada vez que nos dirigimos a gente que tiene que tomar decisiones, al tender a concentrarnos más en las amenazas que en las oportunidades. Si el auditorio es de industriales, les prevenimos la continua apreciación del dólar. Si son importadores les recordamos el alto porcentaje del presupuesto dedicado al servicio de la deuda y que el nivel de consumo depende de seguir aumentado la deuda pública externa ya que esta financia gran parte del déficit de Cta. Corriente de la Balanza de Pagos.

En ambos casos hemos hecho observaciones de lo que puede ir mal. El empresario conoce mejor que nosotros sus oportunidades y ventajas (que varían de empresa a empresa aunque sean del mismo ramo). A los dos les presentamos los riesgos...porque es nuestra obligación.

Los empresarios (y todos los que tienen que tomar decisiones sobre sobre inversión requieren del mejor estimado del flujo de fondos esperado (inversión y retorno) y la tasa de “rentabilidad” que se le debe adjudicar a cada inversión, que a su vez depende del costo del dinero y de una prima por riesgo. Y en su cálculo de riesgo deben considerar las amenazas macroeconómicas que nosotros les hemos señalado.

En el ejemplo, se sugiere indirectamente al industrial invertir en productividad vs expansión y al importador no preferir proyectos de introducción de nuevas marcas que compiten con la industria local y cuidar los niveles de Cuentas por Cobrar y de cualquier otro activo monetario.

Hay personas pesimistas. Entre ellos se encuentran algunos que son además economistasÖ a pesar de la evidencia. La mayoría de los economistas apreciamos (y agradecemos el medio vaso lleno). En esa misma presentación señalé que un dominicano vive hoy mejor que un inglés hace cien años. La mejora de las condiciones de vida de la población en términos absolutos es innegable en todo el planeta (salvo guerra o desastre natural). Por supuesto, en términos relativos algunos países han mejorado su bienestar más que otros. Y, como en toda actividad humana, tenemos derecho a entender que las cosas hubieran podido ser mejores para todos.

Independientemente nuestras diferencias teóricas, intuyo que estamos convencidos que el mayor efecto se logra cuando nos concentramos más en atender políticas de las que requieren el uso de un hacha y menos en las que requieren bisturí.

Creemos ( con mayor o menor consenso) que mejorar las instituciones y limitar al máximo la corrupción, educar la población e invertir en sanidad preventiva (agua potable, etc.), impulsar la productividad en general, controlar la natalidad, controlar la violencia, mejorar la infraestructura básica (electricidad y carreteras), entre otras, tiene el mayor efecto en el bienestar de la población. Y en esto nos acompaña toda la gente sensata y noble. Entendemos posible el desarrollo. Nos involucramos con valentía, optimismo y esperanza en los procesos que están a nuestro alcance pues sabemos que la clave está en actuar, aunque hoy no veamos la luz al final del túnel. Como decía Agustín de Hipona: Ama y haz lo que quieras. Actúa, que el resultado se verá.

Stay connected: