Por: Walter V. Martínez
Socio de la práctica de Human Capital
Deloitte Guatemala
Como continuación al artículo de la semana anterior, el cual trató sobre el aporte de la mujer a las estrategias empresariales, en esta segunda parte hablaremos un poco más sobre la diversidad en la agenda de negocios…
Podemos definir la diversidad como el conjunto de valores, visiones, culturas, saberes organizacionales, metodologías y conocimiento que cada grupo trae consigo para ponerlo al servicio de la competitividad. Comprender el desafío de la diversidad va mucho más allá de reconocer la necesidad de incorporar empleados de distintas edades, razas, género, estilos de vida, religión y/o intereses e inquietudes. La diversidad comprende todas las diferencias que
al unirlas generan una potencial ventaja competitiva, siempre que sepamos apreciarlas y administrarlas.
En un mundo en el que los negocios avanzan sin fronteras y en el que la premisa es
brindar soluciones a clientes muy variados, es necesario contar con una estrategia de inclusión que ubique a la empresa en una posición de ventaja competitiva alineando distintas perspectivas y contribuciones alrededor de un propósito común.
¿Por qué colocar la diversidad en las agendas corporativas?
Contar con una estrategia de diversidad brinda una mayor habilidad para competir en mercados que también se están volviendo “diversos” y entender la diversidad de nuestros clientes desde la propia diversidad. Una fuerza laboral multicultural se traduce en una variedad de prácticas de innovación provenientes de la conexión entre grupos de distintas culturas, especialidades e industrias.
Las estrategias de diversidad optimizan el clima laboral, promueven el compromiso y aumentan la comprensión de las necesidades de nuestros clientes. El rol de los líderes es estar al frente promoviendo el diálogo sincero como plataforma del cambio cultural y realizando acciones que hagan de la empresa un ámbito inclusivo, colaborativo y de respeto mutuo. Una cultura en la que las personas se sientan cómodas porque se aceptan las diferencias, no porque unos sean mejores que otros, sino porque pueden complementarse y potenciarse, favorece la productividad y un entorno de compromiso.