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Favorecer el crecimiento a largo plazo ayudará a reducir los actuales temores ante la volatilidad económica, según el estudio Global Economic Outlook 2008 que ha realizado Deloitte y que analiza la actual situación económica y los retos que tienen que afrontar las economías más relevantes del mundo. Por lo tanto, aunque un descenso en el crecimiento tiene un efecto negativo a corto plazo en la creación de empleo y en la rentabilidad de los negocios, las perspectivas en las tasas de crecimiento a largo plazo no tendrían porqué cambiar. Actualmente, Europa es menos dependiente de la economía estadounidense, por lo que el impacto de la situación en Estados Unidos le afectará menos. Con el euro y la libra esterlina fuertes, los bancos centrales tendrían más posibilidades de bajar los tipos de interés, sin embargo la evolución de la inflación fuera de su objetivo limita la toma de decisiones monetarias de carácter expansivo. En este sentido, los fabricantes europeos afrontarán un particular reto en los procesos de exportación al convivir con una moneda fuerte. Ante este panorama, algunos fabricantes ya están apostando por la reducción de costes para compensar el impacto del cambio de divisas y, en este asunto, la deslocalización puede ser una decisión cada vez más valorada. Según se recoge en el informe de Deloitte, estimular la demanda doméstica resultará un factor muy importante, ya que la actual situación de las monedas reduce el crecimiento en la exportación. El crecimiento económico europeo estará determinado por factores estructurales que incluyen la regulación del mercado de trabajo, la política de impuestos, la política competitiva, los subsidios y el grado de las restricciones comerciales. En cada una de estas áreas, ha de haber un consenso general entre los líderes políticos para que las medidas que se impulsen vayan encaminadas hacia la liberalización de los mercados. Puede acceder al estudio completo:
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